La rendición ante el Derecho. (Acerca de la STS nº 674/2018 de 25 de abril que anula el proceso selectivo para guías del Senado).

"La Rendición de Granada", Francisco Pradilla. Palacio del Senado, Madrid
“La Rendición de Granada”, Francisco Pradilla. Palacio del Senado, Madrid

El Manifiesto del estilo Nabi, suscrito por un grupo de pintores de finales del s. XIX admiradores de Gauguin,  recoge una de las más recurrentes definiciones de lo que es un cuadro: «antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, un cuadro es esencialmente una superficie plana cubierta de colores reunidos con cierto orden». Si el Derecho es un arte (recordemos el apotegma de Celso según el cual  ius est ars boni et aequi), serían las sentencias unas superficies planas en las que se formula de manera ordenada un razonamiento jurídico, enriqueciendo al sentar jurisprudencia, el arte del Derecho.

Pero no siempre en pintura se consigue el orden, en Derecho tampoco.

La jurisprudencia construye parámetros que armonizan los criterios de aplicación del Derecho beneficiando a los protagonistas de los procesos judiciales. Por una parte, los abogados litigamos conociendo a priori las pautas generales establecidas en dicha jurisprudencia; por otra, la labor de los jueces se hace más rigurosa al impartir justicia desde parámetros preestablecidos. La aplicación de la jurisprudencia trasciende al valor de la seguridad jurídica sobre todo en las materias en las que el control por los tribunales es limitado; por ejemplo, en el ámbito de la discrecionalidad técnica de las comisiones de evaluación en los procesos selectivos para el acceso a los puestos de trabajo en la Administración y en otros órganos del Estado.

Precisamente esta jurisprudencia ha establecido que uno de los límites que afectan a la llamada discrecionalidad técnica es la obligación de respetar las exigencias inherentes a la singular configuración de las pruebas tipo test pues conforme a la jurisprudencia: “ese límite no forma parte del núcleo de la discrecionalidad técnica y, por ello, puede ser objeto de control jurisdiccional” (STS de 26-2-2013, rec. nº 1114/2012, FJ 4º). Estas “exigencias” inherentes a los test se traducen básicamente en una cota máxima de precisión tanto de las preguntas como de las respuestas alternativas. Se parte de la idea de que estamos ante unas pruebas en las que lo único permitido al examinado es elegir una de las varias alternativas propuestas sin que le sea posible un desarrollo expositivo que manifieste las razones de su opción.

Es por todo ello imprescindible que en el test, se eviten situaciones en las que ante la equívoca o errónea formulación de la pregunta o de las respuestas, existan dudas razonables sobre cuál ha de ser la respuesta correcta y carezca de justificación racional aceptar la validez solamente de una de ellas (SSTS nº 1058/2016, de 27 de abril, rec. casación 1493/2015; nº 337/2016, de 17 de febrero, rec. casación 4128/2014; de 18 de noviembre de 2015, rec. casación 3397/2014; de 18 de mayo de 2007 (rec. casación nº 4793/2000).

Con base en esta jurisprudencia, la STS nº 674/2018 de 25 de abril, rec. nº 4987/2016, estimó parcialmente el recurso interpuesto por un aspirante a la plaza de guía del Senado, anulando el resultado de la prueba eliminatoria de conocimientos debido a que tres de las preguntas estaban mal formuladas. Una primera por entender que su planteamiento introduce un grado suficiente de duda bastante para tener por equívoca la alternativa ofrecida como respuesta. Una segunda porque claramente admitía más de dos respuestas. La tercera es de un mayor interés y exige una explicación más detenida.

Las funciones de guía del Senado son, entre otras, el acompañamiento, atención y guía de los visitantes del Palacio del Senado y sus dependencias. Por lo que otra de las preguntas giraba  en torno al cuadro “La rendición de Granada”, del pintor zaragozano Francisco Pradilla, considerada la “joya más preciada” de la colección artística que alberga dicho Palacio.

El tenor textual de la pregunta era: “La obra pictórica La rendición de Granada (1882), representa la entrega de los Reyes Católicos de las llaves de la ciudad. Tras la entrega de las llaves es nombrado Alcaide de Granada: a) El cardenal Mendoza; b) Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán; c) Iñigo López de Mendoza, Conde de Tendilla; d) El cardenal Cisneros”. La respuesta correcta para la Comisión de evaluación era la c).

En la demanda se alegó que tal pregunta era improcedente al referirse a un hecho histórico posterior a la escena recogida por la obra. Sería un absurdo, se argumentaba en la demanda, que dadas las funciones del puesto se exigiera el conocimiento de las vicisitudes de la vida de todos los personajes que han sido retratados en alguna obra del Senado, en el concreto de este cuadro, los Reyes Católicos, sus dos hijos mayores, pajes y reyes de armas, Boabdil, Torquemada, Hernando de Talavera, confesor de la reina, el Conde de Tendilla, el Gran Maestre de Santiago, Gonzalo Fernández de Córdoba, el caballero de Medina Sidonia, el Marqués de Cádiz. Además la pregunta era incorrecta pues don Iñigo López de Mendoza no fue nombrado Alcaide de Granada sino Alcaide de la Alhambra y Capitán General de la ciudad de Granada.

En consecuencia, el Tribunal consideró improcedente dicha pregunta y la anuló por considerar que implica una dificultad excesiva e innecesaria para el acceso a dicha plaza, en concreto, dice el Alto Tribunal,  la pregunta encierra “un grado de dificultad cuya justificación no apreciamos” (FJ 6º).

Aquí podríamos dar por terminado el comentario estricto de la sentencia. Pero cabe  añadir una acotación final que creemos oportuna. Se da el caso que el pintor de ese cuadro, Francisco Pradilla, con motivo de la entrega de la obra, dirigió en 1882 una carta al entonces Presidente del Senado, marqués de Barzanallan, en la que, entre otras consideraciones sobre dicha pintura, le exponía lo siguiente:  “no estoy contento sino de la tonalidad del aire libre como conjunto, de haber conseguido detalle dentro de éste, y de la disposición general como perspectiva exacta y como ceremonia”.

Reflexión semejante puede predicarse de la sentencia que comentamos: tanto del conjunto como del detalle de su razonamiento jurídico consolida una línea jurisprudencial en la que se garantizan los derechos de los ciudadanos porque las preguntas tipo test mal formuladas no se adecúan al “imperativo de los postulados constitucionales de interdicción de la arbitrariedad y de los principios de mérito y capacidad que han de regir en el acceso a las funciones públicas” (STS de 6-3-2013, rec. nº 7164/2010, FJ 7º).

Tras esta sentencia, a semejanza de la idea de cuadro del manifiesto Nabi, el orden jurídico se ha conseguido. Ius est ars boni et aequi

Enlace a la STS nº 674/2018 de 25 de abril.