¿Qué sucede cuando una persona fallece y no ha otorgado testamento? La sucesión intestada.

PorTestamento distintas razones, no todas las personas otorgan testamento. En estos casos, cuando fallece, hablamos de sucesión intestada, en contraposición con la testada (en la que se dictaron por el testador disposiciones de última voluntad, designando quiénes son sus herederos o legatarios, e incluso indicando, si lo desean, cómo se distribuirán los bienes de su patrimonio una vez que hayan fallecido).

El término sucesión intestada también se extiende a otras situaciones tales como cuando es nulo o  inválido el testamento, o adolece de omisiones como la designación de quien o quienes son los herederos o éstos han fallecido anteriormente al causante o el designado es incapaz de suceder.
Aquí entran en juego las distintas llamadas que hace la ley a los parientes más próximos para ser designados como herederos, estableciéndose el orden sucesorio y el reparto conforme a las legítimas que han de ser respetadas y que serán distintas si se concurre entre hijos y cónyuge superviviente o entre padres y cónyuge superviviente (supérstite). Y a falta de estos, los llamados no legitimarios, es decir los colaterales hasta el cuarto grado (hermanos, sobrinos, tíos, primos hermanos…) y, en último extremo, el Estado.

Por tanto, no habiendo testamento, ¿cuál es la autoridad competente para designar quiénes son los herederos?

Hoy día, y tras la publicación de la Ley de la Jurisdicción Voluntaria el 23 de julio de 2015, es competencia exclusiva de los notarios que, hasta ese momento la tenían únicamente para las actas de notoriedad de declaración de herederos cuando intervenían ascendientes, descendientes o cónyuge. Por ello, en la actualidad cualesquiera que sea el grado de parentesco con el fallecido, el pariente interesado en ser declarado heredero podrá iniciar este expediente. En caso de que no haya pariente alguno con derecho a suceder, es el Estado el heredero, pero no se designa por el secretario judicial (ahora Letrado de la  Administración de Justicia) ni por el Notario, sino que se pone en marcha un expediente administrativo a tal efecto.

Por último, aunque de especial interés, tras la declaración de los herederos, éstos deberán aceptar la herencia o repudiarla y, en el primer caso, podrá ser pura y simplemente (se aceptan los bienes y derechos y las deudas del causante) o a beneficio de inventario (solo se acepta la herencia hasta el límite que cubra las deudas del causante, pero no más). Y decimos que es de especial interés porque en ocasiones al heredero le resulta muy gravoso aceptar la herencia, tal vez no le compensa en relación a los bienes que pudiera recibir.

Pensemos en casos habituales en que se adquiere una vivienda con un préstamo hipotecario, y aunque a priori tenga un valor superior al de la carga, le sea muy difícil obtener el líquido suficiente para atender tanto el gasto de la hipoteca como el pago del impuesto de sucesiones.

Es precisamente el impuesto de sucesiones en aquellos casos en que no está bonificado, -parientes colaterales, o Comunidades Autónomas con bonificaciones a parientes directos poco generosas-, el responsable de que la herencia tenga que ser rechazada.

Ignacio Ruffín Villaoslada

Abogado

febrero 2018